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LA CASA

Esta no es la casa en cuestión, porque, a la que me refiero, no existe y los personajes pertenecen al perturbado mundo de mi imaginación.

Un tipo, al que llamaré JOTA CE, se compra una casa en el norte. Después de toda una vida trabajando diez horas diarias, por fin ha conseguido ahorrar para el chalet de sus sueños. Un reducto situado entre el mar y la montaña, en un emplazamiento todavía sin asolar por el turismo de polo y regata. Sería un lugar idílico, si no fuera por una granja de visones, a unos quinientos metros monte arriba, que apesta a carne podrida y quemada, a capricho del viento. En fin, una minucia, si tenemos en cuenta las vistas, la brisa marina y que no se oye el chillido de los visones, cuando los despellejan vivos.   Seguir leyendo »

CONTRATO CON EL LECTOR

“¿Qué es lo que quiere todo lector?”. He aquí la pregunta del millón. Y el caso es que, en principio, parece fácil de responder: —”Que le cuentes algo interesante, y que no le aburras” —podría decir cualquier avispado—. Sin embargo, como es lógico, y ante lo variopinto de esta especie en vías de extinción —casi hay más escritores (siempre lo digo)—, la respuesta me parece insuficiente. Así que voy a dar unas cuantas claves, que considero útiles para todo escritor. Seguir leyendo »

Sentido crítico…

Casi todos, antes de empezar a escribir en serio, consideramos que nuestros textos son una extensión de nuestra persona. Algo así como un hijo, del que sólo queremos oír: lo guapo que está, lo fuerte que crece, y lo inteligente que es. El problema, como ocurre con la realidad, es que casi siempre el nene es un malcriado (por culpa de su progenitor), que está creciendo a lo ancho (por la mala alimentación literaria y cuestiones de ego) y es feo con avaricia (por pura genética).   Seguir leyendo »

LISTAS

Ya he hablado de la importancia de las texturas —de sus imágenes— a la hora de elegir términos. En esta entrada, sin embargo, no voy a tener en cuenta que nuestro cerebro prefiere las imágenes a las palabras. De hecho, antes de expresarnos con la palabra escrita, lo hicimos con imágenes; evidentemente, hoy es más práctico decir bisonte, que pintarlo en el techo de tu casa (aunque la tengas como una cueva)—.
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El malpensado

Todo escritor tiene el deber de ser un malpensado, por desconfiar de cuanto le pongan delante. Sea porque las mejores historias no están en los “mire usted que lindo” o en “mire usted que evidente, o que bien documentado”, sino en: “mira esto, piensa en ello y opina, porque no te dejo otra opción”. Seguir leyendo »

El camino imprevisto

Siempre que empezamos a escribir una historia, sobre todo si no sabemos qué es lo que va a pasar, es fácil que un hecho nos lleve a otro; no de forma previsora sino de forma previsible. Por este motivo, según el tipo de principio que elijamos, para tratar un mismo planteamiento, propiciaremos una trama y un desenlace diferentesSeguir leyendo »