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Posts Tagged ‘chica’

¿Has visto que me han salido unas cuantas pecas justo aquí? -le dice Patri encogiéndose de hombros para ahuecar el escote. Marc no mira; y cuando lo hizo nunca como ella esperaba.

Están a solas otra vez, por casualidad. Los demás acaban de irse al pueblo, a siete kilómetros, para comprar más cerveza; porque Saúl y Hernán, el hermano mayor de Patri, se las han bebido todas antes de las once de la mañana.

Siempre que Patri se queda a solas con Marc, (su hermano no se fía de ninguno de los otros, porque dice que están más salidos que él), le da por hacerle ese tipo de preguntas. (más…)

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El otro día, alguien dejó una carta mecanografiada y sin sobre en mi buzón, que dice esto:

Querido, y a tantas veces detestado, Carlos:

Estoy de vuelta en Madrid (si es que puede decirse que alguna vez me fui; porque, aunque si la comparas con Paris o Londres es un villorrio, es cierto que tiene algo acogedor con los foráneos, que no he visto en otra parte).

El caso es que el otro día me crucé contigo; cosa que llevaba esperando -y temiendo- desde mi vuelta, hace ya casi tres meses. (más…)

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Nota: Este texto es la segunda parte de la entrada Repelente femenino. Pido disculpas a mi buen compadre Joaquín Arroyo por haber estirado tanto su paciencia.

A mi vuelta, Azucena me dijo que, por mi acento y en contraste con el de Cliff, yo era, como muy lejos, de aquí. Y yo le dije, bromeando, que para hablar un idioma es mejor hacerlo con el acento autóctono. Ella dudó: ¿Pero, entonces, tú de dónde eres, sueco? Seguí con la broma y le dije: Sí, de los más hartos de Estocolmo.

Siempre que tengo que integrarme en un grupo, sobre todo cuando no conozco a la mayoría, trato de comportarme como si no fuese así. Para empezar, procuro recordar los nombres -tal y cómo me los han dicho-, miro a los ojos y les pregunto lo que me parece, sin tener en cuenta que nos acabamos de presentar. Así veo a quién le incomoda o intimida mi comportamiento o lo interpreta como algo fresco o irreverente.

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Nunca me he llevado bien con los que escriben cosas como: “Cuando me asomo al verde jardín que hay en la opalescencia de tus ojos, lirios suenan como campanillas del Edén…”; y mucho peor si lo sueltan sin ruborizarse. Me refiero, claro, a ese gremio conocido -y reconocido- como: birlasostenes, verbobabas, camelindos, etc; que suelen servirse de la peor melindre -en cantidad y calibre de liendre- para satisfacción de sus necesidades sexuales. (más…)

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Suzi es una chica fuera de lo común. La llamas y viene. Te llama y vas.  No es lo que estáis pensando. No me cobra; aunque reconozco que, si lo hiciera, le pagaría. Joder qué si pagaría. ¿Soy un sátiro? -Es posible. ¿Un adicto? -Puede. ¿Siento atracción por la gente con extrañas peculiaridades? -Nunca he podido remediarlo. Pero lo cierto es que me apacigua. Suzi es todo lo que necesito cuando lo necesito. En parte porque hace que mis problemas se vuelvan irrelevantes. Y eso es mucho decir para un pesimista.

También es cierto que he conocido a más chicas de las que merezco. Muchas, si tenemos en cuenta está cuestión, y no he encontrado a otra a la que le importe todo tan poco. Porque chicas con anhelos hay por todas partes. Pero a las que le importe todo una mierda, muy pocas. Ya digo que sólo he encontrado a Suzi.

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Mientras una chica toquetea su móvil en la parada del sesenta y dos, un funcionario, de la oficina de correos, tira su colilla a un metro de una papelera con cenicero. Me he percatado de que la chica lo miraba con desprecio, pero éste no se ha dado por aludido y, antes de entrar, ha escupido en la acera. Así que la chica ha empezado picotear en su móvil; como si, en vez de mano, tuviese una gallina a la que le echan puñados de maíz. ¡Cerdo! -ha dicho en voz alta y me ha mirado como también fuese para mí. (más…)

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Hace unos años que nos reunimos unos cuantos amigos, una noche a la semana, en la bolera que hay en la estación de Chamartín. Es un sitio que me gusta porque guarda ese esplendor decadente de los ochenta.

Jugamos a los bolos durante un par de horas, sin prestarles demasiada atención; para mí que son la excusa perfecta para contarnos cosas que nos preocupan y que, posiblemente, no nos contaríamos si no las amortiguase  el estruendo de algún pleno, las troneras regurgitando las bolas, o el martilleo de los canalillos. (más…)

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